Transitar la vejez en la migración inmóvil venezolana

Manuel D’Hers Del Pozo

Nuestra crisismigratoria no tiene precedentes en la historia moderna del país. Tampoco existeun flujo humano en la región que sea comparable. Y finalmente, no hay diásporaen la actualidad que se asemeje a la venezolana, que no haya sido motivada porun conflicto bélico. Durante los últimos 15 años, la migración ha sido un temacentral en las conversaciones cotidianas de la población, por ello miramos conpreocupación que, hoy en día, la cifra de quienes hayamos cruzado nuestrasfronteras nacionales hacia otro país sea de más de 7 millones y medio devenezolanas y venezolanos[i].

Sin embargo, enel seno los fenómenos diasporicos se gestan unas problemáticas que no siempre sonvisibilizadas desde los estudios migratorios y que tiene que ver con lasexperiencias de vida de aquellos sujetos que no se movilizan y que permaneceninmóviles. Afirmar que el 25% de la población total de un país habita fuera delos límites de su territorio, es también afirmar que aquellas personas quepermanecen experimentan unas transformaciones materiales y emocionales,producto de presenciar la movilidad de familiares, conocidos, amistades,comunidades y afectos a su alrededor.

La movilidad e inmovilidadson dos caracas de una misma moneda. Por tanto, la diáspora venezolana, estambién, una llamada de atención a atender la transformación de la sociedad desde unpunto de vista demográfico, social y cultural. Según la ENCOVI del año 2021 el90% de la migración venezolana está comprendida por edades entre los 15 y 49años, estimación que deja entrever un envejecimiento considerable de lapoblación que permanece y que naturalmente demanda unas necesidadesasistenciales y de cuidados debido al incremento de larelación de dependencia demográfica intergeneracional.

Este paisajesocial nos lleva a interesarnos por la migración venezolana desde el punto de vistade quienes (in)voluntariamente se han quedado en el país, específicamente desdelas experiencias de vida que las personas mayores viven. Este enfoqueepistemológico exige aproximaciones teóricas y metodológicas novedosas, dedonde nace la categoría analítica de “migración inmóvil”[ii] con el propósito deresponder las siguientes preguntas: ¿Qué pasa con la vida de aquellas personas que permanecenen su lugar de origen cuando un gran número de personas se mueve a sualrededor? ¿Cómo se transforman las vidas de las y los venezolanos quepermanecen en el territorio y ven al 25% del país marcharse? ¿Qué retosenfrentan? ¿Qué estrategias hacen servir las familias para dar continuidad asus vínculos? Y más concretamente, si la responsabilidad de cuidar ha recaídohistóricamente en la institución familiar ¿Quién cuida de las personas mayorescuando parte de la familia migra? ¿Cómo nos logramos reorganizar social ytransnacionalmente para sostener la vida de nuestros seres queridos?

Migrar en la inmovilidad

Cuando una persona se va desu país, se asume que experimentará grandes cambios en su vida marcados porprocesos de desterritorialización y desarraigo. Pero permanecer (voluntaria oinvoluntariamente), en el contexto venezolano, también supone afrontar unaserie de retos similares. Por lo tanto, la categoría “migración inmóvil” nacecomo herramienta para dar voz a aquellas vidas de quienes se quedan enVenezuela y que, a pesar de no haber cruzado ninguna frontera, son personas quede igual manera atraviesan grandes transformaciones en tiempo y espacio, comola desterritorialización y el desarraigo, y que también pueden ser consideradasmigrantes aún en la inmovilidad.

Así pues, definimos lamigración inmóvil como el contexto en el cual se encuentra inmersa la poblaciónque permanece inmóvil en sus lugares de origen que se ven afectadas por dosfactores esenciales e interrelacionados: la diáspora y los tiempos decrisis. 

Por diáspora hagoreferencia a que los sujetos inmóviles deben afrontar una serie de retos comoparte de las responsabilidades asumidas en los proyectos migratorios, desde lainmovilidad. Debemos entender también en un plano más general, que, en uncontexto migratorio masivo, quien permanece debe hacer frente a las ausenciasmateriales e inmateriales de aquellos entornos afectivos con quienes entablanahora una distancia física y que por lo tanto sufren una transformación en lasconstrucciones sociales de sus realidades.  Una familia que ahora es transnacionaldebe reajustar: la distribución de responsabilidades en sus rutinas, susparticipaciones económicas en los presupuestos, sus mecanismos de comunicaciónpara garantizar la continuidad de sus lazos y debe hacer frente a un duelomigratorio. Sin embargo, la ausencia de quienes se han ido no solo es percibidapor los miembros de las familias transnacionales; también la sufren otraspersonas en la migración inmóvil que a pesar de tener a sus familiares cerca,han visto marchar a sus amistades y seres queridos. Es un duelo generalizadoque se materializa en la construcción de una narrativa colectiva que toma encuenta las consecuencias de las ausencias como significativas, configurando asíuna comunidad moral que reclama la injusticia de verse despojados de susentornos afectivos. En este sentido, la migración inmóvil debe ser entendidacomo una experiencia colectiva, donde, así como existe un discurso que habla,entre otras cosas, de la nostalgia del terruño entre los connacionales en ladiáspora, quienes permanecen en el lugar de origen, también desarrollan unanarrativa (heterogénea, por supuesto) sobre la pérdida de sus entornosafectivos.

Por otro lado, es necesariotomar en cuenta la cronificación de la crisis compleja y multifactorial. Quienhuye, busca dejar de estar sometido a sus calamidades. Pero quien se queda,convive diariamente con la inflación, el desabastecimiento, la inseguridadalimentaria severa de los sectores más vulnerables de la población, laviolencia y el autoritarismo, las carencias o cortes de servicios básicos y la críticadebilidad de la asistencia sanitaria. Este paisaje que atenta contra la vida dela población supone unas contingencias que son cambiantes, que se renuevan, yde cuya omnipresencia surge la cada vez menor capacidad de las personas desobreponerse, e inclusive de adaptarse a los distintos retos que la crisisinfluye en cada sujeto, transformando sus realidades. En otras palabras, loscambios provocados por las contingencias ocurren a una velocidad más aceleradaque las capacidades que tienen los sujetos inmóviles para comprenderlas,asimilarlas, adaptarse y sobreponerse a ellas, escenario que provoca que los migrantesinmóviles reconozcan la ruptura de su normalidad, tomando conciencia de laincertidumbre del presente que en ocasiones puede interpretarse como unatemporalidad “extraña” o “no familiar”.

Esta extrañeza afectatambién a las apreciaciones que los migrantes inmóviles hacen del entornofísico que habitan. Con la pérdida de las redes sociales con quienes habitabany daban sentido a sus espacios frecuentados (en pueblos y ciudades), el espaciosocialmente construido sufre una ruptura. Además, es perceptible que durantelos últimos años ha habido una tendencia de evitar el espacio público yrecluirse en los hogares. Los motivos que dan lugar a este fenómeno sonvariados, destacando entre otras razones: la falta de recursos económicos y elresultado residual de la inversión que supone el trabajo reproductivo en loshogares frente a un acceso limitado servicios básicos y complicaciones de laslabores de aprovisionamiento que excluye la posibilidad de tener tiempo libre ode socialización. Esto deviene en un proceso sistemático de desposesión delderecho a la ciudad, que señala un proceso de desterritorialización, o de unas territorializadesprecarias vividas por los migrantes inmóviles.

Envejecer en la migracióninmóvil y nuevas estrategias de hacer circular el cuidado

La experiencia de lainmovilidad en Venezuela ha sufrido transformaciones a lo largo del tiempo,como también es necesario puntualizar que la migración inmóvil es vivida demaneras muy heterogéneas, especialmente, porque las contingencias que amenazanla vida en tiempos de crisis no generan el mismo impacto sobre las personas.Depende por ejemplo, en qué región del país se vive y qué acceso se tiene aservicios básicos; del capital económico para afrontar las consecuencias de unEstado que ha decidido renunciar a sus responsabilidades constitucionales; del capitalsocial para obtener ayuda al convocar un GoFundMe; del capital simbólico paraencontrar “contactos” según cual necesidad; de la edad y estado de salud físicade los cuerpos para afrontar las labores productivas y reproductivas que se debensubsanar cotidianamente; del género, como aspecto social diferencial sobre elcual se distribuyen distintas responsabilidades y expectativas.

La posibilidad de que ahorauna cantidad importante de venezolanas y venezolanos encuentre en el“emprendimiento” un medio productivo de vida, pasa por los cambios en lasactitudes de la migración venezolana. Esencialmente, existe una intención dedepender cada vez menos del Estado, como también de poder beneficiarse de lacirculación de dólares que ha tenido un incremento en los últimos años,especialmente en las principales ciudades del país y más concretamente enCaracas[iii]. Sinembargo, esta cuestionable mejora económica es una realidad que queda lejanapara el grueso de las personas mayores y sus esfuerzos de “emprender” se proyectancuesta arriba por varias razones. Debido a sus experiencias profesionalespasadas, son personas con una historia laboral habituada a un trabajoasalariado dentro de un contexto formal, que ahora las sitúa frente a unasnuevas actividades productivas enmarcadas en una economía sumergida, singarantías ni respaldos, donde la precariedad aumenta y el trabajador quedadesprotegido en unas condiciones suficientemente vulnerables. Evidentemente esuna situación que no todos los migrantes inmóviles asumen de la misma manera, losjóvenes quien apenas ha iniciado su vida laboral se adaptan a las condicionesmás fácilmente. Sin embargo, las personas mayores deben desplazar un sistema detrabajo previo y reorientar sus: actitudes (frente a su nuevo rol productivo);aptitudes (capacidades para desempeñar otros oficios y mecanismos paramercadear sus nuevas iniciativas); exigencias (que propone el mercado); y,finalmente, la necesidad de ser flexible y tener una disponibilidad constantepara enfrentar múltiples responsabilidades por el hecho de ser “tu propia jefe/a”y sobrellevar la carga de trabajo individualmente.

En la actualidad, laspersonas mayores se han configurado como una comunidad moral y como un nuevosujeto político en Venezuela, debido a una sensación de injusticia producida porla contradicción en torno a las expectativas que se tenían de poder vivir de aquellascotizaciones pagadas a la Seguridad Social durante sus años productivos, frentea unas prestaciones que en la actualidad están derruidas[iv]. Circunstanciasque los someten a la pobreza extrema. El Instituto Venezolano de SeguridadSocial hace un pago de 130bolívares[v] mensualesa las personas pensionadas. Este aspecto económico es el principal factor queestructuralmente desposee a las personas mayores casi por completo de laposibilidad de una vida digna, de ejercer su autonomía y, por ende, a unacircunstancia de dependencia no deseada, que atraviesa sus vidas, susrelaciones y su cotidianidad.  

Depender económicamente delos afectos dentro y fuera del país, establece una relación desigual, peroademás supone una logística compleja debido al control de cambio. El recientefenómeno de dolarización transaccional en el país hace que exista, en paralelo,un proceso inflacionario en el sistema económico en divisas dentro delterritorio venezolano.

Esta dependencia económica,demanda en los proyectos migratorios familiares una exigencia de envío deremesas que no siempre es posible. Es  apremiantereconocer que la movilidad en Venezuela es una novedad histórica y no ha sidohasta los últimos 10 años que se ha constituido como una herramienta desubsistencia, marcada por la huida de una emergencia humanitaria compleja dondese asumen unos proyectos con pocos recursos y poca planificación, lo cualsupone una marcada dispersión geográfica de los círculos afectivos quedificulta su posterior re-organización, especialmente porque es una sociedad encrisis donde hay una hiperpresencia de la movilidad humana que obliga areactualizar constantemente las estrategias de cuidados. Y aunque laspersonas mayores tengan distintos familiares en el exterior que les envíenremesas, esto no quiere decir que sean sumatorias suficientes para garantizarlos gastos mínimos de subsistencia.

Más allá de lo económico,las nuevas espacialidades en que se construyen los campos socialestransnacionales de las familias venezolanas implican nuevas formas de gestionarlas necesidades prácticas de cuidado en cuanto a labores reproductivas que nopueden ser suplidas desde la distancia y que ahora recaen sobre las personasmayores. La sobrecarga de responsabilidades de autocuidados es mayor de cara ano tener recursos, pero sobre todo a no tener acceso a servicios básicos, queacelera el deterioro de sus cuerpos y de los hogares. Esta condición materialde la subsistencia permea incluso las capacidades de las personas mayores decompartir y colaborar mutuamente con aquellos familiares que compartenresidencia en sus mismas ciudades. Es común que éstos hayan vendido susvehículos y dependan del transporte público poco asequible y accesible, el cualse decide no usar por no estar adecuadas a los requerimientos físicos propiasde la vejez, profundizando así las circunstancias de aislamiento.

Por otro lado, un factorrelevante que hace crecer las ansiedades de la población mayor en el país es elestado de abandono que sufren los servicios de salud pública y el alto coste dela medicina privada. Los ingresos propios de jubilados y pensionados hacen prácticamenteimposibles realizar chequeos médicos, exámenes de laboratorios rutinarios, ointervenciones quirúrgicas que puedan surgir, ya sea en centros privados comopúblicos, donde generalmente también se cobran por esta atención, debido a lacarencia de recursos sanitarios en los centros asistenciales.

Frente este panorama, hahabido una reorganización social para sostener la vida de la migración inmóvil,entre los miembros de la diáspora venezolana, fuera y dentro del territorio,que señala un surgimiento de iniciativas comunitarias que contribuyen alcuidado. Me refiero por ejemplo a convocatorias de ayudas económicas a travésde redes sociales y plataformas especializadas en recaudar dinero, en funciónde afrontar gastos médicos.

Ahora bien, estosmecanismos que hacen circular cuidados transnacionalmente pueden surgir inclusoen otros contextos o para diversas finalidades, como lo es el caso de los pagosde cuotas mensuales destinadas al condominio de edificios, urbanizaciones ocomunidades de vecinos. La imposibilidad de recaudar estos pagos debido a lasdificultades económicas especialmente de las personas mayores hace que lasinfraestructuras sean testigos físicos de un gran deterioro. Por ello es común encontrarcomunidades, de manera coordinada o tácita; por solidaridad u obligación, dondese puede presenciar una participación económica de aquellas personas cuyosfamiliares están fuera y en condiciones más optimas de colaborareconómicamente, que hagan pagos en busca de subvertir las deudas de quienes nopueden asumirlo. Se entiende que, si esta cooperación no ocurre, la precariedadincida directamente en las condiciones de vida colectiva.

Visibilizar lo invisible: cuidados,envejecimiento y migración inmóvil

Atender lastransformaciones que tienen lugar con la ejecución de los proyectos migratoriosde gran parte de la población venezolana, es relevante también, por lasconsecuencias que acarrean dentro del territorio nacional, sufridas por quienespermanecen. Los cambios demográficos que se derivan de estas nuevas estrategiasy proyectos de vida deben ser atendidos y problematizados como una nueva formade concebir públicamente nuestras identidades postnacionales[vi].

Los impactos que supone lamigración inmóvil no afectan a toda la población de igual manera, resaltandoasí la vulnerabilidad de las personas mayores. Partiendo de la premisa, que elintento de re-organización social del cuidado tiene lugar en un contexto deprecariedad tanto fuera como adentro del país, que dificulta coordinaresfuerzos, puesto que los cimientos de las instituciones que están involucradas(Estado, familia y comunidades) han sido sacudidas.

El paisaje de la migracióninmóvil hace explícita la importancia que tienen los cuidados como ejefundamental del sostenimiento de la vida. En este sentido, la re-organizaciónsocial, bajo el objetivo de hacer circular los cuidados, nos habla de unaurgencia sobrevenida que asumen las familias y las comunidades dentro y fuerade Venezuela, para dar continuidad a las vidas de sus afectos, frente a unhorizonte de contingencias y dificultades que establecen un diálogo verticalentre las personas que hacen prevalecer la vida frente a una gestión políticade la crisis en Venezuela que ejerce un control sobre los cuerpos que aísla,vulnera y deja desprotegida a las personas mayores.  

[i] Esta cifra se vaactualizando a través de la página web de la Plataforma Interagencial paraRefugiados y Migrantes Venezolanos: https://www.r4v.info/

[ii] Esta categoría de análisisnace de una investigación iniciada en el año 2018 (y sobre la cual continúo reflexionando)publicada como un Trabajo Final de Máster en la Universitat Rovira i Virgili(España): https://repositori.urv.cat/estatic/TFM0011/en_TFM510.html

[iii] En caso de querer ampliarinformación sobre este tema, revisar: D’Hers, M. (2023) “Tiempos de crisis, resistencias e infrapolítica en lamigración inmóvil venezolana”. Horizontes Antropológicos, ano 29. n 65.DOI: https://doi.org/10.1590/1806-9983e650407

[iv] Un trabajo deinvestigación sobre este tema fue publicado en Prodavinci titulado: “Envejeceren Venezuela: La promesa rota” https://envejecerenvenezuela.prodavinci.com/

[v] Pensión equivalente a3,6$: cálculo realizado a día 26 de enero de 2024 usando la taza de cambiooficial del Banco Central de Venezuela.

[vi] Sobre este tema, se puedeconsultar el artículo de Natalia Sánchez publicado en este mismo Blog titulado:“La subjetividad delmigrante venezolano vulnerable” https://www.observatoriovenezolanodemigracion.org/post/la-subjetividad-del-migrante-venezolano